Una pequeña pausa
Cuando la mente también necesita descansar
Llevo ya cerca de un año escribiendo en este espacio, y ha sido, ciertamente, una delicia, una bendición y un ejercicio creativo de gran valor para mi vida.
Al inicio tenía muchas ideas bombardeando mi cabeza, así que llegué a escribir artículos para seis o siete semanas por adelantado. Pero, como todo en la vida —por más espiritual o productiva que sea—, llega un punto de desgaste; un cansancio que finalmente nos alcanza, donde la cabeza se siente vacía y, en mi caso, he llegado a ese día…. no tengo una idea clara para comentar, reflexionar o simplemente compartir contigo.
Y pensándolo un poco, eso también es una enseñanza: solo Dios es creativo de manera permanente. En su estado eterno, Él no conoce el agotamiento. Nosotros sí.
Por ello, lo único que se me ocurre pensar y compartir contigo hoy es acerca de la encarnación de Cristo, quien, siendo Dios, en su condición humana nos dejó también un ejemplo sobre la importancia del descanso, de apartarse de tanto en tanto y de aceptarnos frágiles, vulnerables y necesitados.
Jesús se apartaba de las multitudes cuando necesitaba estar a solas. Lucas dice que “con frecuencia Él se retiraba a lugares solitarios y oraba” (Lucas 5:16, NBLA). También llamó a sus discípulos a detenerse: “Vengan ustedes aparte, a un lugar solitario, y descansen un poco” (Marcos 6:31, NBLA).
Jesús se quedaba dormido, aun en una barca, cuando el cansancio de su cuerpo verdaderamente lo agotaba (Marcos 4:38). E incluso sintió la necesidad de apartarse de sus discípulos, enviándolos por delante, cuando necesitaba estar a solas (Mateo 14:22–23). Y no escondió de sus amigos ese cansancio cuando este se convirtió en lucha y en una angustia, llevándolos consigo al monte de los Olivos; allí les dijo: “Mi alma está muy afligida, hasta el punto de la muerte; quédense aquí y velen conmigo” (Mateo 26:38, NBLA).
Sin duda hay días así.
Días donde necesitamos tomar espacio, descansar, dormir más de lo que reconocemos que necesitamos, no avergonzarnos de nuestra debilidad —ya sea física o emocional— e incluso permitir y buscar que otros oren por nosotros, nos ayuden en donde hoy no podemos y nos acompañen a buscar el rostro de Dios, aunque no sintamos tener palabras para hacerlo.
Así que, sin más, a todos mis amigos y hermanos de este espacio que semana a semana me hacen el honor de leer lo que humildemente intento compartir, y a los que se han ido agregando poco a poco, una disculpa si hoy no tengo algo más profundo, más interesante, más actual o más no sé qué para compartir.
Permítanme simplemente aceptar que mi mente, esa que me impulsa a escribir —algo que amo hacer con todo mi corazón—, hoy me pide una pequeña pausa.
Y los invito a que, cuando sientan necesidad de parar y descansar, no se avergüencen de hacerlo, no se juzguen, simplemente háganlo.
Descansar no es perder el tiempo… es confiar que Dios está en control.
Jesús, nuestro Maestro y Señor, también nos dejó ejemplo de ello.
Nota: Y si te quedaste con ganas de leer más, o si tu agotamiento ha comenzado a tocar tu fe, por favor no dejes de leer el artículo de mi amigo Marco Orozco: “La fe que no se rompe”.




Amigo y Pastor! Estamos posiblemente como los amigos del paralitico; orando para que se haga la voluntad de Dios en tu vida! Bendiciones